El correo no era tan sencillo

Es curioso cómo siendo tan difundido el uso de Internet y de las computadoras cuánto se sabe por tanteo, algo así como “intento: acierto-error” y cuánto aprendido de modo formal. Me he encontrado con adolescentes para quienes solo existía el hotmail; y cuando uno les da otra extensión en una dirección de correo electrónico, les parece extraño. E incluso preguntan si agregan hotmail, al final.

En el momento suena a chiste. Como cuando un colega de las ligas mayores me pregunta cómo le escribe a otro colega, que está de viaje. Le doy su dirección de correo electrónico. Y retorna con varias preguntas. ¿Aquí le tengo que escribir? ¿O sea voy a una cabina de esas de Internet? ¿Y si le escribo le llega directo a él? Un testigo de todo, rompiendo en risas, le responde: Pero tienes que ponerle la estampilla.

Probablemente no solo quienes no lo conocen, sino incluso quienes disponen del correo electrónico todavía tenemos mucho que aprender (léase redes en los correos, almacenamiento de correos, categorización de contactos etc.).   Felizmente existen desde explicaciones básicas  hasta reglas para el uso del correo electrónico. No se complique, basta la sensatez y no apresurarse. Al final, será el mismo tino que aplica a sus comunicaciones habladas o telefónicas, el que marque sus correos.

Me ocurrió que alguien de un gobierno municipal me hizo llegar -por error- un correo que estaba dirigido a otras personas. Obviamente la culpa no es de quien lo recibe, pero qué hay del contenido. ¿Es documento oficial? ¿Es documento reservado? ¿Es comentario intrascendente? ¿Es comentario trascendente? ¿Debo respetar la privacidad y no utilizar lo que me llegó por error? ¿Qué hay si es una pista respecto a asuntos de gobierno irregulares? En este caso, el correo llegó a mi bandeja, lo leí, y lo olvidé. Pero el apresurado empleado que me incluyó en la lista por error se desesperó mucho de saber que lo tenía. ¿Tal vez debí haberle prestado más atención al correo?

Conozco de casos en los que repetidamente llegan a un correo documentos que están dirigidos a otra persona. Mi recomendación a quien me preguntó fue: Hazle saber de inmediato. Dile que se equivocó, que revise sus direcciones. Es inevitable ser empáticos. Que tal si alguien quiere comunicarse conmigo, pero por error envía los mensajes a otro. Imaginan todo lo se puede especular del otro lado.

Algo similar ocurre con los mensajes de celular. Me han llegado mensajes a los que he respondido: Te equivocaste de destinatario. En un caso  recuerdo era una emergencia y decía algo así como: Me quedé varado, recógeme en tal lugar. Ocurren también “accidentes” provocados por los hijos. Mi precioso cogió el celular de su papá y se dedicó a jugar. Sin darnos cuenta envió varios mensajes en blanco a una amiga. Ella había cambiado de teléfono y perdió varios contactos. Le pareció extraño e hizo que alguien llame al número y pregunte. Pero llamaron de un número no identificado, mi esposo atendió y le dijo que estaba equivocado que nunca le envió mensajes. Insistieron e insistieron. Revisamos la bandeja de salida y oh sorpresa allí estaba la prueba. Llamé a mi amiga, expliqué lo ocurrido, y me disculpé. El accidente sirvió para acordarnos cuánto tiempo no nos veíamos, que seguía de viaje, que estaba tras un negocio y felizmente terminó todo bien.
Por precaución, en el primer lugar de nuestra agenda de contactos de los celulares ahora aparecen los teléfonos nuestros. Además por recomendación policial, el primer contacto en el teléfono celular debe ser el del pariente más cercano.

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